Serie: Pensando la pandemia a la luz de las escrituras – Día 3

Posted on: abril 7, 2020 Posted by: Carlos Santos Aguirre Comments: 0

Serie: Pensando la pandemia a la luz de las escrituras – Día 3

1. ¿Podría considerarse la pandemia como un acto de Dios dado que Él está en control?

1.2 ¿Permisión o causación?

¡Bienvenido a la serie bíblica sobre la pandemia! Hoy es el tercer día de la serie (día 3 de 8). A lo largo de estos días vamos a intentar  pensar la pandemia a la luz de las escrituras. Si quieres saber todos los puntos que vamos a tocar cada día pincha aquí Hoy vamos a analizar qué se entiende por permisión (el acto de permitir algo) y causación (el acto de causar algo). Vamos a explorar evidencia bíblica para poder ver de qué modo se ilustran estos dos conceptos (permisión y causación). Esto es clave si queremos tener cuidado con nuestra doctrina, y el efecto que tiene esta a la hora de enseñar a otros. ¡Entremos al tema!

No es lo mismo permitir que causar. A veces se puede cometer el error de utilizar ambos conceptos como si se tratara del mismo. Esto puede llevar a errores doctrinales en pensar, por ejemplo, que como Dios puede hacer lo que quiere (se lo puede permitir debido a su poder), entonces es Él quien lo ha tenido que hacer (lo ha causado porque puede hacerlo). Una escritura que se puede malinterpretar con facilidad es la siguiente: «1 Entonces Job respondió al SEÑOR, y dijo: 2 Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado» (Job 42:1-2, énfasis añadido)1La versión de la Biblia que utilizaré a lo largo del escrito es La Biblia de las Américas.. Claramente, en este pasaje Job reconoce el poder de Dios, es decir, la capacidad de Dios de tener un propósito (intención) y hacerla real, efectiva. Ahora bien, el hecho de que Dios pueda hacer algo, no quiere decir que deba o que tenga que hacerlo. La voluntad de Dios dictará lo que Él quiera hacer. Por ejemplo, Dios puede responder a muchas de nuestras oraciones y, sin embargo, es su voluntad no hacerlo siempre por la razón que sea.

Una ilustración de permisión

Veamos un ejemplo en el que Dios, aunque puede intervenir, elige permitir algo que a los ojos de muchos puede ser muy devastador e injusto:

«8 Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. 9 Respondió Satanás al SEÑOR: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara. 12  Entonces el SEÑOR dijo a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él. Y Satanás salió de la presencia del SEÑOR» (Job 1:8-12).

Este pasaje es muy revelador porque la razón por la cual Dios permitió que Satanás le arrebatara todo a Job menos su vida, no fue porque Dios quería castigarle, sino porque Dios confiaba en la integridad de su siervo Job. En este sentido, Dios puede permitir desgracias en nuestras vidas precisamente porque tiene confianza en que no le vamos a traicionar. Tomando esto en cuenta, se puede interpretar que hay tragedias que pueden ocurrir porque Dios lo permite, pero que Satanás directa o indirectamente causa. Digo «directa o indirectamente» porque puede aparecerse directamente como se le apareció a Jesús en el desierto (Mateo 4), o como se ve en libro de Job, puede actuar indirectamente a través de personas (los caldeos, véase Job 1:17) y fenómenos naturales (fuerte viento, véase Job 1:19). De aquí se deduce lo siguiente: que Dios permita algo no resta en nada su poder porque sigue siendo parte de su voluntad no intervenir.

Una ilustración de causación

«39  Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: ¡Cálmate, sosiégate! Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. 40  Entonces les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41  Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién, pues, es este que aun el viento y el mar le obedecen?» (Marcos 4:39-41).

En este pasaje aparece Jesús causando que «el viento y el mar» le obedezcan, al igual que hizo que la higuera se secase (Mateo 21:19). Otro ejemplo de Jesús causando algo puede ser el de la resurrección de Lázaro (Juan 11). También hay ejemplos en los que Dios castiga con la muerte:

 

«5 Y el pueblo habló contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos habéis sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable. 6 Y el SEÑOR envió serpientes abrasadoras entre el pueblo, y mordieron al pueblo, y mucha gente de Israel murió» (Números 21:5-6, énfasis añadido).

«Y el SEÑOR envió pestilencia sobre Israel, y cayeron setenta mil hombres de Israel» (1 Crónicas 21:14, énfasis añadido).

«24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra» (Génesis 19:24-25, énfasis añadido).

En estos pasajes de la Biblia, se puede ver que también Dios actúa directa (Jesús con el viento y el mar, Jesús es Dios) e indirectamente (animales como serpientes y fenómenos naturales como la lluvia de azufre y fuego).

¿Qué podemos aprender de esto?

Lo fascinante de estas escrituras es el descubrimiento de que el hecho o el acto observable que es accesible a nosotros puede ser el mismo: un fenómeno natural. Por ejemplo, en el caso de Sodoma y Gomorra fue una lluvia de azufre y fuego, mientras que en el caso de Job fue un viento fuerte. En el caso de la lluvia, Dios la causó como castigo por los pecados de los habitantes de esa localidad, mientras que el fuerte viento fue algo que Dios permitió que Satanás hiciera porque confiaba en la fidelidad de Job. Pero si nosotros viésemos ambos eventos sin tener más información que el fenómeno natural mismo, no sabríamos con exactitud si lo que estamos viendo es un castigo de Dios (como en Sodoma y Gomorra) o si es Satanás actuando porque Dios se lo ha permitido porque confía en nuestra fe (como en el caso de Job).

Esto significa que nadie, excepto Dios, está en la posición de hablar con total seguridad sobre por qué ha pasado algo así y si ha sido causado o permitido por Dios. Aplicando esta conclusión lógica a la pandemia, habría que preguntarse lo siguiente:

 

      • ¿Es la pandemia algo que Dios ha causado directamente como en Sodoma y Gomorra?
      • ¿Es la pandemia algo que Dios ha permitido que Satanás ocasione como en el caso de Job y el fuerte viento?
      • ¿Es la pandemia algo que Dios ha permitido que ocurra, aunque no haya sido su voluntad y aunque haya podido impedirlo?

Sobre las dos primeras preguntas, no lo sabemos, simplemente podemos especular. Porque no tenemos la revelación bíblica explícita que nos diga por qué exactamente ha sucedido la pandemia. Sobre la tercera pregunta, es un poco más compleja, ya que algunos pueden pensar que Dios puede evitar la pandemia porque es todopoderoso, y que, si no la detiene, es porque es su voluntad (es lo que quiere que ocurra). Pero hay casos en los que, aunque Dios tenga el poder para detener algo, no lo hace. También hay otros casos en los que permite cosas incluso cuando no es su voluntad. Un ejemplo que ilustra ambas cosas es el siguiente: Dios puede parar a un violador de cometer una atrocidad contra una mujer y, sin embargo, no lo hace, porque sabemos que siguen siendo violadas. Además, sabemos por las escrituras que tampoco es su voluntad que un hombre peque sexualmente contra su prójimo y, no obstante, también lo permite.

Pero ¿por qué lo permite? Aunque este artículo no tiene como propósito hablar de la maldad humana como tal, daré una visión muy resumida de lo que, a mi parecer, es la respuesta a por qué Dios permite que gente haga mal a otras, aunque no sea su voluntad que pequen y aunque Él tenga el poder para detenerlas: la implicación del libre albedrío es que el ser humano puede elegir hacer el bien o el mal a otras personas. También esto supone que el hombre puede elegir o rechazar el amor de Dios (como de hecho sucede). Si Dios interviniese de un modo en el que evitara todos los males posibles que un ser humano puede hacer, entonces ya no habría libre albedrío, el ser humano se convertiría en un autómata o robot sin capacidad de elección. De todos modos, en el caso mencionado, la culpa sería del violador, no de Dios, y Dios va a pedir cuentas de lo que ha hecho ese violador porque claramente tal acto es condenado por las escrituras. En este sentido, Dios está en control y es soberano al haber establecido el día del juicio final en el que Él pedirá cuentas de nuestros actos morales. Pero no está en control, si lo que entendemos por control es que Dios trata a los humanos como títeres; en semejante trato no hay verdadero libre albedrío. Sin libre albedrío no puede haber una relación verdadera porque para que haya una relación verdadera con Dios tenemos que tener la libertad de elección. Es por eso que el amor no se puede obligar ni comprar, tiene que ser voluntario. Se puede comprar actos, comportamiento, sexo, pero no el amor. El amor no puede ser sobornado ni forzado. El amor no es simplemente un comportamiento, sino también un estado del corazón con afectos de una persona que ha nacido de nuevo.

Con esto finaliza nuestro tercer día de la serie. Mañana vamos a analizar algunas posturas doctrinales (como el calvinismo) sobre el tema de la soberanía y voluntad de Dios, y cómo estas maneras de entender las escrituras afecta el modo en el que podemos interpretar los eventos que ocurren en el mundo. ¡Comparte esto con todo aquel que tenga hambre de respuestas! ¡Hasta mañana! 

Referencias   [ + ]

1. La versión de la Biblia que utilizaré a lo largo del escrito es La Biblia de las Américas.

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