Serie: Pensando la pandemia a la luz de las escrituras – Día 4

Posted on: abril 8, 2020 Posted by: Carlos Santos Aguirre Comments: 0

Serie: Pensando la pandemia a la luz de las escrituras – Día 4

1. ¿Podría considerarse la pandemia como un acto de Dios dado que Él está en control?

1.3 ¿Predestinación o ciencia media?

¡Bienvenido a la serie bíblica sobre la pandemia! Hoy es el cuarto día de la serie (día 4 de 8). A lo largo de estos días vamos a intentar  pensar la pandemia a la luz de las escrituras. Si quieres saber todos los puntos que vamos a tocar cada día pincha aquí Hoy vamos a analizar algunas posturas doctrinales (como el calvinismo) sobre el tema de la soberanía y voluntad de Dios, y cómo estas maneras de entender las escrituras afectan el modo en el que interpretamos los eventos que ocurren en el mundo. Esto es clave si queremos tener cuidado con nuestra doctrina, y el efecto que tiene esta a la hora de enseñar a otros. ¡Entremos al tema!

El calvinismo

Resulta pertinente hacer algunas explicaciones en torno al tema de la predestinación. Muchos cristianos, lo sepan o no, adoptan una postura calvinista1Como en casi todo, esta doctrina es mucho más rica en sus argumentos y matices; no quiero caricaturizar ni menospreciar el esfuerzo de muchos en haber pensado en temas bíblicos y haber concluido en la adopción del calvinismo. No obstante, es obvio que el esfuerzo sincero nos hace más honestos en nuestra búsqueda por la verdad, pero no siempre más correctos en las doctrinas que afirmamos. Es por eso que se puede estar sinceramente equivocado. Esto supone que no todo error es intencional o deliberado., esto es, la convicción que Dios tiene la autoridad sobre todas las cosas, incluido las catástrofes naturales. De esa idea de autoridad se deriva la doctrina de la predestinación, en la que los salvados y los condenados (junto con todo lo que ocurre en el mundo) ha sido decretado por Dios. Es por eso que se defiende un determinismo en el que nadie puede oponerse a lo que Dios ya ha sentenciado. Creer en el determinismo significa creer en que el resultado de lo que vemos es un producto de fuerzas ajenas al hombre y que, por tanto, no se puede hacer nada al respeto. Esto implica tener un destino del cual no se puede hacer nada al respecto, ya que uno es víctima de causas o fuerzas externas. En nuestro contexto, esas fuerzas o causas externas se llaman Dios. Aunque este apartado explora mayormente la relación de la predestinación en relación con las personas, he considerado oportuno hacer algunas observaciones sobre este tema dado que se suele partir de esta lógica para luego aplicarla a las enfermedades. Algunas de las escrituras en las que se basa esta teología son las siguientes:

«11 también hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad, 12 a fin de que nosotros, que fuimos los primeros en esperar en Cristo, seamos para alabanza de su gloria» (Efesios 1:11-12, énfasis añadido).

«8 Pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación. 9 Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Timoteo 5:8-9, énfasis añadido).

«28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. 29  Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8:28-29, énfasis añadido).

«Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente» (Génesis 50:20, énfasis añadido).                           
«Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin, aun el impío, para el día del mal» (Proverbios 16:4, énfasis añadido).

Conflicto entre escrituras

Aunque esta es una discusión teológica que se ha tenido durante varios siglos, lo decisivo, a mi parecer, en todo este debate es la implicación de la palabra predestinar. En su característica más básica significa ordenar o determinar algo para un fin concreto con antelación. Pero ¿en qué sentido Dios predestina algo? ¿Hay algún criterio que nos ayude a descubrir su voluntad? La siguiente escritura problematiza aún más el tema: «3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad. 5 Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre» (1 Timoteo 2:3-5, énfasis añadido).

Pero ¿cómo es posible que Dios haya predestinado «al impío para el día del mal» y a la vez quiera que «todos los hombres sean salvos»? Si se tomara la postura calvinista como respuesta, no se podría mantener la armonía entre las anteriores escrituras y esta última (que explicita que la voluntad de Dios es ver a todos salvos). La única solución posible sería admitir que, dado que Dios quiere que todos se salven, todos están predestinados a ser salvos, pero ese claramente no es el caso por un sinfín de escrituras (por ejemplo, la puerta estrecha en Mateo 7), algunas ya mencionadas en este artículo. No obstante, el que niegue la doctrina de la predestinación, tiene que explicar entonces qué rol tiene esa palabra (predestinación) en todas esas escrituras citadas antes, y muchas otras que por razones de extensión no se incluyen aquí. Ante esto, compartiré mi postura actual sobre este tema que ha sido fruto de mucha meditación en esos pasajes: quizá el problema principal no está en la palabra «predestinación» como tal (la descrita en la Biblia, no la doctrina calvinista); tal vez el verdadero problema radica o se concentra en entender la doctrina de la predestinación como un determinismo necesario que niega el libre albedrío. Sostengo y defiendo que la predestinación puede entenderse con otros matices distintos al determinismo que niega la voluntad libre de las personas. Voy a tratar de ilustrar mi posición con un ejemplo muy intuitivo.

Ciencia media e intervencionismo divino

Imaginemos por un momento que tenemos un control ilimitado sobre nuestro cuerpo lo cual nos hace capaces de reducirnos o agrandarnos. Ahora viene Dios y nos dice que hay un bus que nos va a llevar de la tierra al cielo. Es decir, el bus está predestinado a ir de un punto A (la tierra) a un punto B (el cielo). Pero para montarnos en ese bus, tenemos que ponernos una vestimenta que requiere que nos hagamos pequeños. Si nos negamos a hacerlo, no es posible entrar en el autobús. Podemos ponernos la vestimenta que nosotros queramos, pero en ese caso, no podemos entrar al bus. Ahora bien, si decidimos hacernos pequeños y ponernos la vestimenta pequeña, entonces y solo entonces, podremos estar predestinados para ir al cielo porque entraremos a ese bus. Dios, como ser omnisciente, ya está al tanto de lo que va a ocurrir en el futuro porque el es el Alpha y Omega, el comienzo y el fin. Basado en ese atributo, ya tiene el conocimiento sobre si vamos a ponernos esa vestimenta en concreto o no. Y, en ese sentido, Él ha predestinado, poniendo como requisito ese traje, a aquellas personas que voluntariamente se lo van a poner, personas que Dios ya ha conocido en el futuro. Algunas de ellas decidieron bajarse del bus y rechazar la vestimenta como requisito, otras perseveraron hasta el final.

Ninguna persona puede llegar a Dios sino es a través de Cristo. En ese sentido, Cristo es la vestimenta. Pero, claramente mucha gente rechaza a Cristo y no quiere revestirse de Él. Prefieren seguir siendo grandes y ser sus propios señores. Hacerse pequeño nunca ha estado de moda; la humildad es impopular.  Sin embargo, para todo aquel que quiera y acepte a Cristo como Señor y persevere hasta el final, está garantizada la comunión con Dios en el cielo. Ahora bien, Dios ya sabe quiénes son esas personas, pero el que Dios sepa eso, no quiere decir que esas personas no lo hayan decidido voluntariamente. Desde este punto de vista, Dios ha predestinado a los que se revisten de Cristo para salvación porque estar con Cristo hasta el final conlleva ser salvado. Esto puede ser algo complicado de entender, pero pongamos por caso el pronóstico del tiempo: el hecho de que el meteorólogo acierte en su pronóstico no significa que él ha causado que mañana llueva o salga el sol. Ahora bien, la diferencia entre el meteorólogo y Dios es que uno pronostica lo que va a ocurrir sin una certeza absoluta, mientras que Dios lo hace con exactitud porque Él ya lo conoce todo, incluido el hecho de si nos vamos a poner esa vestimenta (Cristo): «29  Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8:29, énfasis añadido). Dios ha predestinado, pero no basado en el azar ni en el capricho de su poder, sino basado en el conocimiento de nuestros actos porque de antemano nos conoció. Bajo esa luz se debe interpretar el versículo 28: la verdad de que «para todos los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien». Pero que «las cosas cooperen para bien» no quiere decir una vida libre de dolor, injusticia y sacrificio; ese «bien» debe ser entendido en relación a lo más fundamental, que es el amor de Dios: «38 porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38-39).

Aunque ya había pensado en esta doctrina alternativa al calvinismo de modo independiente, me sorprendí mucho (en mi arrogancia) al ver que semejantes ideas ya se habían discutido con mucha más sistematicidad y precisión por gente del pasado. Es por eso que recomiendo a todos leer lo que se ha dicho o escrito sobre un tema (al menos las obras más importantes), antes de creernos los «iluminados». Porque podemos caer en el error de pensar que somos innovadores, cuando en realidad no estamos rascando ni la superficie de lo que ya se ha discutido en otro tiempo. Ahora bien, hay que pensar las cosas por uno mismo, pero tomando en cuenta lo que personas mucho más inteligentes, espirituales y estudiosas han dicho sobre el tema. Esta doctrina que he presentado como alternativa al determinismo calvinista se ha denominado: «ciencia intermedia», «ciencia media» o «conocimiento medio» (en inglés: middle knowledge). Esta doctrina la propuso con gran sistematicidad un teólogo español Luis de Molina (no, este no era alemán)2Es una broma dirigida a mis amigos alemanes. Estadísticamente hablando, gran parte de la tradición moderna filosófica y teológica proviene de Alemania. en el siglo XVI.

Para ser sincero, incluso considerando la potencia de esta doctrina, no me siento del todo cómodo con solo quedarme ahí. Creo que esta postura es suficiente para armonizar las supuestas contradicciones entre las escrituras citadas en este apartado. Sin embargo, se podría ir más allá y contemplarse la idea de que Dios sí interviene en muchos casos, pero no determina. Es decir, Dios puede estar involucrado en cómo un evento se desenvuelve o en el proceso espiritual de una persona, pero no a expensas de violar el libre albedrío de un individuo. Por ejemplo, cuando un cristiano ora por la intervención de Dios (como en Éxodo 2:24), Dios puede intervenir y responder a la oración. En ese contexto, Dios ha intervenido a causa de la petición por parte de la voluntad libre de la persona que ora. Por consiguiente, se puede observar que, a pesar de que se reconozca una intervención por parte Dios, eso no anula la libre voluntad de la persona. Considero que, basándonos en la doctrina de la ciencia media, se puede proponer y defender un intervencionismo divino, el cual no debe confundirse con determinismo divino3Se puede pensar en una receta de cocina. La persona que ha escrito esa receta, ha señalado cada paso, porciones y detalles para que el resultado sea tan bueno como la foto que se muestra. Pero todos sabemos que “seguir la receta” no garantiza o determina el que salga bien porque podemos hacer algo mal. Con este ejemplo se puede ver que la persona que escribió la receta está involucrada porque ha intervenido en la recela, la ha escrito. No obstante, su intervención no determina el resultado final. Puede influir, pero no lo determina, ya que nuestras acciones pueden evitar el resultado. La receta estaba predestinada a salir bien, pero nuestras acciones pueden cambiar eso.. En el intervencionismo divino, la voluntad de Dios y la voluntad del hombre coexisten. En el determinismo divino la voluntad de Dios elimina la voluntad del hombre. Como ya dije en la introducción, este apartado no pretende ser exhaustivo, sino simplemente un punto de partida para seguir reflexionando sobre las escrituras.

Conviene recordar el propósito de este apartado: la razón por la cual se ha hablado de esta cuestión se debe a que muchos, partiendo de una doctrina calvinista, creen que absolutamente todo ha sido decretado o causado por Dios. Esto implica que la pandemia no puede ser otra cosa que lo que Dios ha querido que ocurra. He dejado claro que no estoy de acuerdo con esa doctrina. Además, he propuesto la doctrina de la ciencia media y la del intervencionismo divino como alternativa al calvinismo. De este modo se puede concluir que, aun cuando Dios sepa lo que va a ocurrir, esto no elimina la libre acción del hombre sobre el mundo. Un ejemplo de esto se ve en cómo la acción humana puede modificar la biosfera: como la extinción de muchas especies en el océano debido a la gran contaminación marítima. También se oyen opiniones que afirman que el coronavirus ha sido causado por el actuar humano al no implementar medidas de control de calidad en los mercados.

Con esto se da cierre a la pregunta uno: ¿podría considerarse la pandemia como un acto de Dios dado que Él está en control? Las conclusiones que se pueden afirmar en vista de lo analizado son las siguientes:

      • Todo acto ha sido causado o permitido por Dios dado que Él soberano.
      • Nadie, excepto Dios, está en la posición de hablar con total seguridad sobre si algo ha sido causado o permitido por Él (a menos que quede explicitado en la Biblia).
      • No todo lo que Dios permite es su voluntad: el pecado ocurre y es algo condenado por Dios.
      • Que Dios tenga el poder para hacer lo que quiera no conlleva que tenga que actuar.
      • Que Dios conozca lo que va a ocurrir no implica o quiere decir que Él lo haya causado.
      • El determinismo divino no es lo mismo que intervencionismo divino.

Con esto finaliza nuestro cuarto día de la serie. Mañana vamos a analizar la segundo pregunta: ¿cuál debe ser nuestra actitud y ejemplo como cristianos en días de pandemia? Más concretamente, se expondrá cuál debe ser el fundamento de la vida de un cristiano. ¡Comparte esto con todo aquel que tenga hambre de respuestas! ¡Hasta mañana! 

Referencias   [ + ]

1. Como en casi todo, esta doctrina es mucho más rica en sus argumentos y matices; no quiero caricaturizar ni menospreciar el esfuerzo de muchos en haber pensado en temas bíblicos y haber concluido en la adopción del calvinismo. No obstante, es obvio que el esfuerzo sincero nos hace más honestos en nuestra búsqueda por la verdad, pero no siempre más correctos en las doctrinas que afirmamos. Es por eso que se puede estar sinceramente equivocado. Esto supone que no todo error es intencional o deliberado.
2. Es una broma dirigida a mis amigos alemanes. Estadísticamente hablando, gran parte de la tradición moderna filosófica y teológica proviene de Alemania.
3. Se puede pensar en una receta de cocina. La persona que ha escrito esa receta, ha señalado cada paso, porciones y detalles para que el resultado sea tan bueno como la foto que se muestra. Pero todos sabemos que “seguir la receta” no garantiza o determina el que salga bien porque podemos hacer algo mal. Con este ejemplo se puede ver que la persona que escribió la receta está involucrada porque ha intervenido en la recela, la ha escrito. No obstante, su intervención no determina el resultado final. Puede influir, pero no lo determina, ya que nuestras acciones pueden evitar el resultado. La receta estaba predestinada a salir bien, pero nuestras acciones pueden cambiar eso.

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