Introducción

¡Bienvenido a la serie bíblica sobre la pandemia! Hoy es el primer día de la serie (día 1 de 8). A lo largo de estos días vamos a intentar juntos poder pensar la pandemia a la luz de las escrituras. Puede que esta introducción traiga más preguntas que respuestas, pero algunas cosas que quizá sean chocantes a primera vista, van a ir siendo respondidas a lo largo de nuestro recorrido. El fin es poder terminar la serie con convicciones construidas sobre la roca. Si quieres saber todos los puntos que vamos a tocar cada día pincha aquíAhora sin más demora, entremos a nuestro tema.

«El cristianismo no ofrece ninguna respuesta sobre el coronavirus. Ese no es su propósito»1https://time.com/5808495/coronavirus-christianity/ dijo el renombrado teólogo N. T. Wright en un reciente artículo. A muchos quizá les sorprenda tal titular, pero he de admitir que a mí me ha sorprendido más la aparente certeza de otras personas en calificar la pandemia como “un acto de Dios” o que es “la voluntad de Dios” con total seguridad. Wright, en su artículo, hizo una reivindicación del rol central que tiene la idea del lamento en la Biblia. Un ejemplo evidente de este género literario es el libro poético de Lamentaciones en el Antiguo Testamento, en el que Jeremías llora la situación devastadora en la que se encontraba Israel por haber sido capturada por los babilonios. Comparto ese sentir con Wright, como se puede ver en mi pequeño escrito “Días de Pandemia”2http://carlossantosaguirre.com/2020/03/26/dias-de-pandemia/, en el que sostengo que no basta curar la pandemia, hay que llorarla. Ahora bien, si lo que quiso decir este teólogo es que no se puede siempre intentar solucionar nuestra pena y dolor con razones que el intelecto entiende, estoy de acuerdo. Pero, si lo que quiso dar a entender con ese controvertido titular es que efectivamente el cristianismo no ofrece ninguna respuesta sobre esto, en tal caso, este escrito puede interpretarse como un intento directo en refutar tal postura. Porque precisamente voy a hacer eso, esto es, mostrar y exponer esa respuesta. Ante esto, y evitando cualquier ambigüedad, pongo las cartas sobre la mesa: este artículo tiene el objetivo de ofrecer un punto de partida en cómo pensar la pandemia a la luz de las escrituras. Como no puedo anticipar la situación concreta en la que se encuentra el lector, quiero advertirle y dejar en claro cuál es la naturaleza de este artículo:

a) Es un artículo que trata de relacionar conceptos bíblicos con lo que está ocurriendo en el mundo. Es decir, no es un escrito para demostrar la credibilidad de estos conceptos (en el sentido apologético). Por eso, está dirigido a todo aquel que quiera entender la doctrina cristiana sobre el lugar que ocupa la soberanía y la voluntad de Dios en relación con esta pandemia (dolor, muerte…), y cuál es la respuesta que debe encarnar un cristiano a la luz de las escrituras.

b) No es un artículo exhaustivo; en todo caso, se podría decir que es un artículo apresurado, ya que no he podido ahondar todo lo que me gustaría en este tema dada mis circunstancias personales (Máster, trabajo, familia…). No obstante, creo que puede ofrecer, como ya se ha dicho antes, un punto de partida para pensar la pandemia y la muerte.

c) No estoy intelectualizando la experiencia del dolor para solucionarlo. Dicho de otro modo, no estoy tratando de resolver el sufrimiento de alguien con una respuesta intelectual. Y digo «experiencia» y no «problema» porque el dolor es algo que hay que abrazar como un elemento más de la vida (como pasar por luto). Es verdad que hay que buscar soluciones a problemas que van acompañados de mucho sufrimiento. Pero, en ese sentido, se busca una solución para el problema emocional (celos, abandono, bulimia, ansiedad…), no para el sufrimiento. Porque, por ejemplo, amar a alguien, implica sufrir y no por eso le llamamos al amor «problema emocional», aunque entiendo que algún desgraciado y miserable lo sienta así (me ha pasado).  Ahora bien, es cierto que nuestros pensamientos sobre la realidad tienen un impacto en cómo nos sentimos con respecto a traumas emocionales, pero no los soluciona por completo. El problema emocional que va acompañado de sufrimiento no puede ser resuelto completamente con respuestas que el intelecto entiende. Es por eso que, aunque muchas víctimas de abuso sexual sepan que no es culpa suya, aun así, se sienten sucias y culpables. También puedo poner por caso mi experiencia personal: cuando Sandra y yo nos hicimos novios, me sentía constantemente abandonado (problema emocional acompañado de mucho sufrimiento) aunque sabía que no era cierto. En este sentido era un problema emocional porque no reflejaba la realidad. (No habría sido un problema emocional, si en verdad ella me hubiera abandonado. En tal caso, sentirme abandonado habría sido un reflejo de la realidad. Por ello, no hubiera habido nada que solucionar, sino tan solo llorar la traición, y sudarla, como se suda una gripe). Saber que no era cierto no fue suficiente para sentirme de un modo distinto, es por eso que, entre otras cosas, acudí al psicólogo durante un año y medio, cosa que recomiendo en general3Sé que hay creyentes que sostienen que un cristiano solo necesita las escrituras, ayuno y oración porque interpretan la psicología como algo que sustituye el aspecto espiritual. Yo estoy en contra de tal postura porque eso es confundir el estar psicológicamente sano con estar espiritualmente sano. Una persona puede ser muy estable y sana mentalmente, y, al mismo tiempo, estar profundamente perdida en sus pecados. Del mismo modo ocurre con lo opuesto: hay muchas personas (como yo) que no han sido nada estables psicológicamente, pero que están en comunión con Dios (eso espero) porque sus pecados han sido perdonados. El ser sanado no implica ser salvado. La curación y la salvación no se deben confundir. Ahora bien, lo ideal es buscar ambas cosas. No hay que elegir, o mejor dicho, hay que elegir las dos.. Con esto se ve que, por más “irracional” que pueda ser la causa por la que sufre una persona, sigue sufriendo. Y ese sufrimiento es real.

Dicho esto, espero que, si el lector considera que este artículo no le es conveniente en su circunstancia actual, lo lea después. Porque lo que se va a plasmar en este artículo son reflexiones doctrinales sobre el problema del dolor y Dios, las cuales pueden parecer insensibles si lo que se busca es una solución para no sufrir. Como ya he señalado antes, hay que llorar la pandemia. Es por eso que con este escrito no estoy intentando eliminar el sufrimiento que se padece por perder a un ser querido, sino contextualizarlo a la luz de las escrituras. Haciendo esto, incluso en mitad de una tragedia como esta, podemos encontrar consuelo como el profeta Jeremías: «Esto traigo a mi corazón, por esto tengo esperanza: que las misericordias del Señor jamás terminan» (Lamentaciones 3:21-22).

Con esto finaliza nuestro primer día de la serie. Mañana vamos a analizar qué se entiende por la frase «acto de Dios» y «voluntad de Dios». Vamos a explorar qué distintos significados pueden tener esas frases. Esto es clave si queremos tener cuidado con nuestra doctrina, y el efecto que tiene esta a la hora de enseñar a otros ¡Comparte esto con todo aquel que tenga hambre de respuestas! ¡Hasta mañana! 

Referencias   [ + ]

1. https://time.com/5808495/coronavirus-christianity/
2. http://carlossantosaguirre.com/2020/03/26/dias-de-pandemia/
3. Sé que hay creyentes que sostienen que un cristiano solo necesita las escrituras, ayuno y oración porque interpretan la psicología como algo que sustituye el aspecto espiritual. Yo estoy en contra de tal postura porque eso es confundir el estar psicológicamente sano con estar espiritualmente sano. Una persona puede ser muy estable y sana mentalmente, y, al mismo tiempo, estar profundamente perdida en sus pecados. Del mismo modo ocurre con lo opuesto: hay muchas personas (como yo) que no han sido nada estables psicológicamente, pero que están en comunión con Dios (eso espero) porque sus pecados han sido perdonados. El ser sanado no implica ser salvado. La curación y la salvación no se deben confundir. Ahora bien, lo ideal es buscar ambas cosas. No hay que elegir, o mejor dicho, hay que elegir las dos.

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