Carlos Santos Aguirre nació y creció en Perú. A la 11 años de edad se mudó a Madrid, España. En el año 2008 empezó el estudio en las escrituras, lo cual le llevó a hacerse cristiano. Desde entonces, ha perseguido el significado de la verdad, leyendo muchos libros sobre distintos temas: ciencia, historia, arqueología, filosofía, psicología, y principalmente teología. Empezó sus estudios universitarios en la Universidad Complutense de Madrid. El grado que estudió se llama Estudios Ingleses, en el cual se cubre dos grandes áreas de conocimiento: la lingüística y la crítica literaria. Carlos se especializó en crítica literaria, sobre todo en ensayos. Durante sus años en la universidad participó en un concurso literario a nivel de España en el año 2014. En este tiempo escribió su primer libro Un Llamado a la Verdad en defensa de la fe cristiana, el cual está siendo reeditado con el fin de ser publicado para la venta.  Para concluir con su grado universitario en el año 2016, escribió un trabajo de fin de grado sobre un autor inglés llamado G. K. Chesterton. Este era un gran apologista del siglo XX. La tesis analizada fue: Laughter and beyond: Chesterton’s revealing use of humour in his essays (Carcajadas y mucho más: El revelador uso del humor de Chesterton en sus ensayos).

El 20 de mayo del 2017 contrajo matrimonio con Sandra. Actualmente él y su esposa dirigen el ministerio de universitarios en la iglesia de los discípulos de Cristo en Madrid. Participa activamente en lecciones para la iglesia y tertulias bíblicas. Ahora se encuentra trabajando en su segundo libro titulado El problema de la Verdad, el cual tiene un corte más filosófico donde analiza los problemas en poder conocer la verdad desde la perspectiva del individuo y sus preferencias. En su fuerte creencia en el cristianismo y en las maravillas que trae la vida consigo, Carlos se presenta como un fuerte defensor de la integridad intelectual. Él defiende a capa y espada la idea que el creyente no hace la verdad, sino que la verdad hace al creyente. Con todo, se considera un hombre muy limitado, y sobre todo despistado. El fin último de esta página se podría resumir con sus propias palabras: “Lo que más preocupa no es la necesidad que la humanidad tiene de ver la verdad, sino de ver la mentira.”